miércoles, 22 de julio de 2009

Un Tercero en la cita.



PEDRO LAPIDO ESTRAN
Un Tercero en la cita
Cuento

Rota, España en el año 2023


Amanecía: José Antonio Pedro Del Carril, detuvo suavemente su automóvil frente a la valla de entrada de la Base de Rota, resignado a sufrir una vez más, la rígida inspección de acceso. Hacía más de quince años que esta se repetía desde que la Base pasara de manos Americanas a manos Españolas, para convertirse luego en el Centro Espacial de la Comunidad Europea; pero el aún no lograba evitar el fastidio que le causaba esa repetida interrupción aunque la supiera absolutamente lógica y la apoyara como irrevocable.
A lo lejos, una enorme estructura de lanzamiento parecía desperezarse entre la bruma; la misma que había condicionado su vida por quince años.
Cumplida la inspección y tras el saludo de los guardias, inició su marcha hacia el lugar donde pasaba la mayor parte de su vida en los últimos tiempos. Mientras avanzaba, observaba como todos los sectores entraban en acción al ritmo pasivo del bostezo. Con los primeros rayos del Sol, su imaginación le hizo ver nuevamente el vehículo espacial tan grande y complejo que partiera de allí, dejándole sin embargo la fascinación de intuirlo siempre presente en el silencio con una opresión de emoción en el pecho.
¡ Cuanto le había costado coordinar ese viaje !; La participación Internacional, lo obligó a compatibilizar la despreocupación Americana con la meticulosidad Alemana, la desconfianza Rusa, la soberbia Inglesa, la jocosidad Francesa, la improvisación Latino-Americana y por supuesto, la tozudez Española; Sí, la de él, ¡ un típico Gallego nacido en la Coruña! Reía mientras entraba en la Sala de control de vuelos, provocando una especial atención en los aburridos guardias. Siempre llegaba antes de la entrada del personal diurno, quería enterarse por la propia boca de los participantes, de cualquier noticia que se hubiera recibido durante la noche anterior.
- ¿ Novedades ? - Preguntó tras el saludo de práctica.
- Todo normal en la nave Señor, faltan apenas dieciséis horas para el contacto - fue la respuesta que obtuvo.
Se sentó frente a su escritorio, pidió un café y se quedó mirando fijamente una maqueta que era casi una aguja dorada, mientras murmuraba:
- ¡ Dieciséis horas, sólo dieciséis horas !,"Que lejos estaba".
Mientras tanto ; El enorme navío, devora espacio y tiempo en un cielo infinito. Sobre una parte de su estructura, como una publicidad sin sentido lleva escrita la frase: "HOMBRES DE LA TIERRA". A bordo, todo es bullicio y alegría. Tras quince años de viaje, se festeja la entrada a la adolescencia de la primera generación, nacida a poco de partir. La algarabía es incrementada por la presencia de todos los miembros de las siguientes generaciones en el salón principal, incluidas las mascotas de la nave; los niños de entre tres y cinco años que, liderados por Gastón del grupo Francés y Yoko del grupo Oriental, perturban a todos los hombres de guardia con sus bolillas luminosas.
Los Comandantes; Timoshenko ( Grupo Ruso ), Cortés ( Grupo Latino ) y Pearl ( Grupo Inglés - Americano ) observan desde sus puestos de mando el transcurrir de los festejos, satisfechos de la alegría y disciplina reinante en la nave y lamentan no poder compartirlos a pleno hasta terminar con los preparativos de encuentro y contacto previstos para dieciséis horas después.
Viajan rumbo a un sitio Astrográfico determinado, donde se producirá su encuentro con una nave que transporta habitantes de un Planeta regido por la estrella Sirio, en la Constelación de Alfa del Can Mayor. Por primera vez en la historia de la humanidad el hombre se encontrará cara a cara con seres de otro Mundo, nacidos a más de ocho años luz de distancia. Para eso, los técnicos de la tierra habían fabricado la nave en que viajaban, a fin de enviarla al espacio con la intención expresada de acortar en quince años la cita y con la intención oculta tal vez de que si algo andaba mal, sucediera muy lejos de la Tierra. En ella viajaban grupos familiares de todas las razas y se concentraba la última tecnología de todas las ciencias. Portaban lo mejor del arte y del deporte; llevaban muestras y registros de todos los especímenes vegetales, animales y minerales conocidos. Era un Arca, un Arca fabulosa que corría a velocidad vertiginosa por el espacio, rumbo a la más grande cita que alguna vez tuviera la humanidad. Por esta misma razón, su preocupación era mucha; nada debía quedar librado al azar, todo debía ser meticulosamente previsto.
Los tres se preguntaban como serían los seres de Sirio. Sabían que eran de constitución antropomórfica y poseedores de una ciencia avanzada, pero nada más. El Consejo de las Naciones no había querido mostrar nunca una imagen de ellos. Permanecía latente la posibilidad de que fuesen tan distintos, que ambas especies se vieran monstruosas entre si. Entonces, ¿Cómo se establecería la comunicación? - ¿Sería posible la convivencia?; estos eran los interrogantes que aún sobrevivían.
Los tres comandantes y sus oficiales de alto rango tenían derecho a esta sospecha desde que les hicieran hacer largos períodos de adaptación al lado de las especies que transportaban sean aves , peces, insectos , mamíferos o reptiles y se les negara la imagen de los visitantes aduciendo que esto era parte del programa de adaptación a las sorpresas que pudieran encontrar en el Universo.
Transcurrió el tiempo. Con el cansancio se fue apagando el bullicio de la tripulación y también sus conjeturas. Todos se retiraron a descansar.
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Diez horas después, una gran pantalla ubicada en el Salón principal, mostraba una gigantesca esfera blanca que se aproximaba lentamente a la aguja. Los cientos de tripulantes, formados en silencio en el lugar, aguardaban ansiosos el momento del contacto. Los cuerpos metálicos se adhirieron mutuamente; se realizaron las manipulaciones técnicas necesarias y al fin... se abrió la gran compuerta que dejaba comunicados a los dos navíos.
Por los parlantes, una voz entrenada durante años para ese momento dijo:
- ¡ Estamos ante el más grande momento vivido por hombre alguno en la Historia de la Humanidad. Recibamos con un intenso aplauso a nuestros hermanos de Sirio !
Estalló un aplauso alentado por centenares de palmas, que se mantuvo hasta que los visitantes entraron en el recinto; luego, en la medida en que avanzaban, fue decreciendo hasta concluir en forma definitiva. Hubo un instante de absoluta inmovilidad entre la gente de la tierra. Por un momento se hizo notorio el silencio, después, comenzaron a retroceder sin que mediara la decisión de Cortés que estaba al frente de la recepción.
Timoshenko se alegró de haber prohibido, aun a los oficiales de su grupo operativo, la portación de armas para ese momento. Sólo portaban armas los hombres de guardia apostados en el piso balcón del salón y Pearl reaccionando antes que él ante la situación, dio una orden directa a viva voz sin requerir antes la atención de los guardias:
- ¡ Pena de muerte sin apelación, al que utilice un arma sin previa orden de alguno de los Comandantes, pase lo que pase ¡
- "Confirmo" - apoyó Timoshenko.
Pareció percibirse la distensión muscular de las manos, ya demasiado aferrada a las armas. Cortés, que, sin avanzar al encuentro de los Sirianos, había quedado sólo al retroceder los demás, solicitó tranquilidad en voz muy baja y ordenó en el mismo tono que cesara el retroceso. De esa manera logró que algunos de sus oficiales desandaran el camino aproximándose a él nuevamente.
Mientras tanto, observaba que los recién llegados parecían no portar armas y seguían avanzando sin que la apariencia humana los sorprendiera y sin haberse dado cuenta del hecho que había provocado su aparición. Finalmente, se detuvieron a unos tres metros de él, que se veía enfrentado por primera vez en su carrera a una situación sin antecedentes válidos que le determinaran una actitud.
Pearl y Timoshenko, se acercaron . Los visitantes los observaban en silencio, tal vez esperando la iniciativa de sus anfitriones; aunque no podía saberse si estaban serios o sonrientes. Pearl, se espantó al darse cuenta de que no encontraban la forma de establecer comunicación con ellos. Mientras tanto, allí a dos o tres metros, se erguían unos seres de promedio más alto que el humano, extremadamente delgados, de piel verde mate agrisada, lisa y sin vello, con miembros largos y sin mayor evidencia de huesos. Sus manos, tenían siete dedos muy largos que terminaban en una pequeña ventosa cada uno. Sus orejas eran enormes y en forma de almeja. Sus ojos, circulares y tres veces más grandes que los terráqueos, eran de color naranja con una pupila violeta. Sus bocas, pequeñas y de abertura breve. Su nariz; imperceptible. No tenían cabello.
Todos cubrían sus cuerpos parcialmente con ropas de material brillante que en unos eran uniformes de color plateado y en otros de múltiples colores y formas diversas adornando a quienes tal vez fueran sus mujeres.
Lo tan temido por los Comandantes estaba sucediendo: ¿ Podrían Terrestres y Sirianos estrecharse las manos, abrazarse, besarse alguna vez ?
La tensión llegaba a su punto culminante y Cortés abrió los labios para emitir una primer disculpa apenas bosquejada por su cerebro, que sirviera como primer intento de buena voluntad mientras ganaba tiempo; cuando Gastón y Yoko tomaron la iniciativa:
Salieron de improviso de entre la gente que se amontonaba detrás de los Comandantes y superando a estos arrojaron verticalmente sus bolillas luminosas al suelo enfrente mismo de los primeros Sirianos que hubieron de retroceder ante su intespectiva acción.
Las esferas saltaban y giraban emitiendo destellos de distintos colores y sonidos musicales diversos según como cayeran, en un alarde de tecnología lúdica ante la cual los Comandantes ya no supieron como actuar.
Un pequeño Siriano salió de entre su grupo; una mujer intentó detenerlo, pero un hombre se lo impidió con gesto sereno. El chiquillo llegó hasta las bolillas y se detuvo a observarlas. Yoko, atrapó en una manito dos de ellas y se las ofreció al visitante. Este, dudó un instante, pero luego extendió una de sus manos con la palma hacia arriba y Yoko depositó las bolillas en ella, sin reparar en su forma y color.
El Sirianito las arrojó al suelo y cuando comenzaron a saltar y a emitir luces y sonidos, su rostro se transformó; Los ojos se le agrandaron y tomaron brillo, la punta de su nariz se elevó y en los costados de su boca aparecieron dos hoyuelos, quedando su cara con una agradable expresión cómica: ¡ El pequeño visitante sonreía !
Esta vez fue Gastón quien se aproximó a observarlo y empezó a reírse. El chiquito también lo hizo, emitiendo unos sonidos roncos. Yoko y Gastón, estallaron en carcajadas. Entonces, como si respondieran a una orden, decenas de niños Sirianos y Terráqueos al unísono empezaron a rodearlos: Se hablaban, se tocaban, se empujaban, se caían y se levantaban acosándose y ayudándose entre si.
Una niña Siriana examinaba los largos cabellos rojos de una niña Terrestre, con la tranquilidad de alguien que ya los conocía, mientras la terrible Yoko estrujaba la oreja de un visitante tratando de ver cómo era y es que realmente ella no lo sabía. Todos reían; pronto los mayores se dieron las manos, girando en torno de los más pequeños, que se revolcaban en el piso, tratando de capturar la mayor cantidad de bolillas posibles para arrojarlas nuevamente. Manos verdes de siete dedos con manos blancas y morenas de cinco. Los niños enseñaban a los grandes lo que debían hacer.
Cortés se aproximó al Comandante Siriano con su mano extendida. Pearl miraba asombrado como ambos grupos se acercaban tímidamente tratando de comunicarse.
Timoshenko no podía creer lo que veía: ¡ Después de todo, era posible !; Recordó que en la Tierra un hombre esperaba ansioso desde hacia quince años y se dirigió con prisa hacia el centro de comunicación. Desde los primeros peldaños de una escalera se volvió a observar lo que sucedía y vio brillar gotas de agua en las mejillas de Terráqueos y Sirianos. Entonces exclamó:
-" Ríen y lloran" - y por primera vez él - ateo desde siempre - tuvo una concepción de Dios.
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José Antonio Pedro Del Carril, recibió un mensaje extraño en la Base de Rota:
- Contacto establecido, todo bien, Stop.
- Dios existe, el hombre es pequeño, Stop.
- Firmado: TIMOSHENKO.
Aún atónito y sin proponérselo, Pedro Del Carril dictó a su asistente un mensaje más extraño aún:
- " A todos los gobiernos del Mundo": "Que se enciendan todas las luces de la Tierra". -
¡ "DIOS NECESITA UN ARBOL DE NAVIDAD" !

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